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¿Qué es una Leucemia aguda?

 

Las leucemias agudas se originan en células que se encuentran en la médula ósea. La médula ósea es un tejido blando que se encuentra en el interior de algunos huesos y está constituida por células madre que darán origen a las células sanguíneas: glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas; células que se encuentran en proceso de maduración y otras que colaboran en este proceso. 
En una leucemia aguda el proceso de maduración se detiene en etapas tempranas y proliferan en forma incontrolada células inmaduras a las que se denomina “blastos”. Estos blastos se acumulan en la médula ósea hasta que en un momento pasan a la circulación sanguínea donde se pueden detectar por un examen de laboratorio. Por otra parte, disminuye la producción de las células normales por lo que el paciente va a tener menor cantidad de glóbulos rojos, o sea anemia, van a disminuir los glóbulos blancos normales, lo cual debilita las defensas del organismo y predispone a infecciones, y van a disminuir las plaquetas que participan en el proceso de coagulación, por lo que el paciente puede presentar sangrado o hematomas con facilidad.

 

¿Cómo se clasifican?
Existen dos grandes tipos de leucemias agudas: la leucemia aguda linfoblástica (LAL), que se origina en las células precursoras de los linfocitos, y la leucemia aguda mieloblástica (LAM), que se origina en precursores del resto de las células sanguíneas (glóbulos blancos que no son linfocitos, glóbulos rojos o plaquetas). 

 

¿Por qué se producen?
Las leucemias agudas se producen como consecuencia de la alteración de genes (fragmentos de los cromosomas que contienen toda la información de las funciones que realiza cada célula). Esas alteraciones afectan los mecanismos que regulan el crecimiento y la maduración celular. La detección de las mismas es importante para el diagnóstico, pronóstico y tratamiento de la enfermedad. Si bien se sabe que factores ambientales, (como la exposición a radiaciones, o a pesticidas), agentes infecciosos (como algunos virus), pueden intervenir en el desarrollo de una leucemia aguda, en la mayoría de los casos no es posible determinar la causa de la enfermedad. Es importante remarcar que las leucemias agudas no son contagiosas ni hereditarias.

 

¿Cómo se hace el diagnóstico?
A diferencia de las leucemias crónicas, las leucemias agudas se desarrollan en un corto período de tiempo y ocasionan rápidamente síntomas algunos los cuales puede ser grave por lo que es fundamental llegar al diagnóstico e iniciar tratamiento rápidamente.
Ante la sospecha de una leucemia aguda se debe realizar un examen de la médula ósea a través de una punción en el hueso de la cadera o en el esternón que nos permita obtener sangre medular que debe ser analizada por el hematólogo para identificar la presencia de un número aumentado de blastos. Se deben realizar además otros estudios sobre la sangre medular como determinación del inmunofenotipo, estudios citogenéticos y de biología molecular que son muy importantes para determinar el tipo de leucemia, y definir el mejor tratamiento a seguir.
Una vez confirmado el diagnóstico es imprescindible iniciar el tratamiento lo antes posible. El paciente debe permanecer internado en una institución de alta complejidad, en un área de aislamiento (por sus bajas defensas que predisponen a infecciones oportunistas), que cuente con personal especializado en la atención de este tipo de enfermedades ya que de este modo se disminuye el riesgo de las complicaciones y en caso de que se presenten se puede actuar en forma inmediata para controlarlas.

 

¿Cuál es el tratamiento de una leucemia aguda?
El tratamiento tiene dos aspectos, ambos fundamentales, que son por un lado el específico de la enfermedad para eliminar las células malignas, y por el otro el tratamiento de sostén que requieren estos pacientes, esto incluye, entre otros aspectos, el tratamiento anti-infeccioso que debe instituirse en forma precoz si se presenta fiebre, o el sostén transfusional de glóbulos rojos para evitar los síntomas de anemia, y de plaquetas para prevenir o tratar el sangrado. 
El tratamiento específico se basa en la administración de quimioterapia que dependerá del tipo de leucemia y de las características del paciente. Se utilizan combinaciones de distintos medicamentos que se administran por vía oral, subcutánea, intramuscular o endovenoso a través de un catéter, de este modo acceden al torrente sanguíneo y actúan sobre las células leucémicas localizadas en distintos sitios del organismo. En algunos casos se requiere la aplicación de quimioterapia a través de una punción en la columna para prevenir o tratar la afectación del cerebro o la médula espinal.
En general el tratamiento consta de una fase de inducción cuyo objetivo es lograr la remisión de la enfermedad, esto es que hayamos logrado eliminar las células malignas de la sangre periférica y reducir los blastos de la médula ósea a un nivel normal. Pero esto no es suficiente ya que se sabe que permanecen en el organismo un reducido número de células malignas que no son detectadas por los estudios con los que contamos actualmente pero que son suficientes para que reaparezca la leucemia si no son eliminadas. Por ello los pacientes deben recibir una segunda fase de tratamiento, que se denomina fase de consolidación, cuyo objetivo es eliminar las células leucémicas remanentes. Para ello se utilizan nuevos ciclos de quimioterapia que se administran una vez que el paciente se ha recuperado de la etapa anterior y en algunos casos está indicado realizar trasplante de progenitores hematopoyéticos que puede ser autólogo, cuando las células a transplantar provienen del mismo paciente, o alogénico, cuando provienen de un donante.

 

Algunos tipos de leucemia requieren además otra fase de tratamiento a la que se llama fase de mantenimiento que consiste en la administración, de dosis bajas de quimioterapia durante períodos prolongados de tiempo, meses o años.